Karl MARX: El capítulo XXV del Libro Primero de El Capital:
La teoría moderna de la colonización.
NOTAS:
(1) Aquí, nos referimos a las verdaderas
colonias, a los terrenos vírgenes colonizados por inmigrantes
libres. Los Estados Unidos son todavía, económicamente
hablando, un país colonial de Europa. Por lo demás,
también entran en este concepto aquellas antiguas plantaciones
en que la abolición de la esclavitud ha venido a transformar
de raíz la situación.
(2) Las pocas sugestiones de Wakefield sobre
el carácter mismo de las colonias habían sido anticipadas
ya plenamente por Mirabeau père el fisiócrata y,
antes aún, por los economistas ingleses.
(3) Más tarde, se convierte en una necesidad
transitoria de la concurrencia internacional. Pero, cualquiera
que sea su móvil, sus efectos son siempre los mismos.
(4) "Un negro es un negro. Sólo
en determinadas condiciones se convierte en esclavo. Una máquina
de hilar algodón es una máquina para hilar algodón.
Sólo en determinadas condiciones se convierte en capital.
Sustraída a estas condiciones, no tiene nada de capital,
del mismo modo que el oro no es por sí solo dinero, ni
el azúcar el precio del azúcar... El capital
es una relación social de producción.
Es una relación histórica de producción."
(Carlos Marx, "Trabajo asalariado y capital", en Neue
Rhenische Zeitung, núm. 266, de abril 7 de 1849).
(5) E. G. Wakefield, England and America,
t. II, p. 33.
(6) Ob. c., t. I, pp. 17 y 18.
(9) E.G. Wakefield, England and America,
t. II, p.5.
(10) "Para que la tierra pueda ser elemento
de colonización, no basta con que se halle sin cultivar;
tiene que ser, además de propiedad pública y susceptible
de convertirse en propiedad privada." (Ob. c., t. II, p.
125.)
(13) E.G. Wakefield, England and America,
t. II, p. 116.
(16) Merivale, Lectures on Colonization;
etc., t. II, pp. 235-314 ss. Hasta el dulce economista vulgar
partidario del librecambio, Molinari, dice: "En las colonias
en que se ha abolido la esclavitud sin sustituir el trabajo
forzoso por una cantidad proporcional de trabajo libre, se vio
cómo sucedía lo contrario de lo que ocurre diariamente
ante nuestros ojos. Se vio a los simples obreros explotar
a su vez a los empresarios industriales, exigiéndoles salarios
que no guardan ni la más remota proporción con la
parte legítima (part légitime) que les corresponde
en el producto. Y como los plantadores no podían obtener
por su azúcar un precio que les compensase del alza de
los salarios, veíanse obligados a cubrir el exceso sacrificando
ante todo sus ganancias, y, por tanto, sus mismos capitales.
De este modo, se arruinaron multitud de plantadores, mientras
otros cerraron sus industrias, para escapar a la ruina inminente...
Es preferible, sin duda alguna, ver hundirse los capitales acumulados
que no perecer generaciones enteras de hombres [¡qué
generoso es este señor Molinari}; pero ¿no sería
mejor que no pereciesen ni unos ni otras?" (Molinari, Études
Economiques, pp. 51 y 52.) ¡Ah, señor Molinari,
señor Molinari! ¿Qué va a ser del Decálogo
de Moisés y los profetas, y qué de la ley de
la oferta y la demanda, si en Europa el "entrepreneur"
puede mermar al obrero y en las Indias Occidentales el obrero
puede capar al entrepreneur su part légitime? ¿Y
en qué consiste, si es usted tan amable, esa "part
légitime" que, según nos confiesa, el capitalista
no abona en Europa diariamente? Al señor Molinari le entran
unas tentaciones enormes de recurrir al auxilio de la policía
para implantar en las colonias, donde los obreros son tan "simples"
que "explotan" a los capitalistas, esa ley de la oferta
y la demanda de trabajo que en otras partes funcionan automáticamente.
(17) Wakefield, England and America,
t. II, p. 52.
(19) E. G. Wakefield, England and America,
t. I, pp. 47 y 246.
(20) "Decía que hay que agradecer
a la apropiación de la tierra y a los capitales el que
el hombre que no posee más riqueza que sus brazos
pueda trabajar y ganarse el sustento... Es, por el contrario,
la apropiación individual de la tierra la culpable de
que haya hombres que no poseen más riqueza que sus brazos.
Si colocáis a un hombre en el vacío, le robáis
el aire. Pues lo mismo hacéis cuando os apoderáis
de la tierra... Es tanto como colocarle en una atmósfera
vacía de toda riqueza, para que tenga necesariamente que
someterse a vuestra voluntad." (Colins, L'Economie Politique,
etc., t. III, pp. {267}, 268, 271 ss.)
(21) Wakefield, England and America,
t. II, p. 192.
(23) Tan pronto como Australia se convirtió
en su propio legislador, se apresuró, naturalmente, a promulgar
leyes favorables para los colonizadores, pero ante ellas se interpone
como un hecho consumado el despilfarro de tierras llevado a cabo
por el gobierno inglés. "La primera y más importante
finalidad que persigue la nueva ley de tierras de 1862 es dar
mayores facilidades para la asignación de tierras al pueblo."
(The Land Lae of Victoria, by the Hon. G. Duffy, Minister of
Public Lands, Londres, 1862 {p. 3].)